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miércoles, 23 de octubre de 2013

Los inicios de la historia del cine.

Los inicios de la historia del cine
Una breve historia del cine mundial hasta los años 20 y su interrelación con el cine soviético, ofreciendo así un contexto cinematográfico amplio para este.
Índice:

La invención del cine.

El cine primitivo.
El cine nórdico.
El cine norteamericano.
El expresionismo alemán.
El cine soviético.
El cine francés: impresionismo y surrealismo.
El cine norteamericano de los años 20.
El cine sonoro.

            La invención del cine.
         Los hermanos Lumière.
          
          Plano del filme sobre la llegada del tren a la estación que asustó a los espectadores.
         El 28 de diciembre de 1895 se celebraba la primera proyec­ción pública para 33 personas (a un franco la entrada) del cine­matógrafo de los hermanos Lumière, en París, con un progra­ma de 11 películas, como La salida de los obreros de los talle­res Lumière, en Lyon-Mont-Plaisir. Son películas de un realismo documental que sería muy imitado por el primer cine documental ruso y, a través de este, por el sovié­tico.
            El cine primitivo.
           En 1896 se inició la carrera de Georges Méliès, el prin­cipal director del cine primitivo, que culminaría con Viaje a la luna(1902), con importantes adelantos en cuanto a efectos especiales y su especial atención al género fantástico, lo que influirá en la Aelita de Protazanov, sien­do un excelente avance respecto al cine realista y documenta­lis­ta de los Lumiè­re.

             Fantomas (1913) de Feuillade.

            De 1903 a 1907 la producción francesa e incluso mundial fue do­minada por la productora Charles Pathé, con Ferdinand Zecca como director principal. Un rival importante fueron los estu­dios de León Gaumontdesde 1905, gracias a su estimable director Louis Feuillade y sus series Fantomas (1913-14), Los vampi­ros (1915) y Judex(1916-17). De los estudios de Gaumont salió Victorin Jasset para dirigir en los estudios Éclair otra serie, Nick Carter (1908).

              El asesinato del duque de Guisa (1908), producida por los hermanos Lafitte  y dirigida por Calmettes y Le Bargy.

            La Pathéreaccionó a la competencia con iniciativas como la de los hermanos Lafitte, que inicia el Film d’Art, con El asesinato del duque de Guisa (1908), con actores famosos y un gran éxito pese a que no creó escuela. Otra filial de Pathé, la Société Cinématographique, obtuvo un gran éxito con Los misera­bles (1912), con nueve partes que duraban cinco horas. Apareció entonces el primer gran actor cómico, Max Linder.
            Fuera de Francia, durante la década inicial se extendió el nuevo arte. En Inglaterra la Escuela de Brighton, con Colin Williamson y, sobre todo, George Albert Smith, utilizó el montaje como medio expresivo. Su realismo y su técnica influi­rán sobre los primeros filmes documentales soviéticos.
               Cabiria (1913), de Pastrone.

            En Italia se sucedieron las su­per­producciones históricas con el tema ro­mano antiguo, como hizo Pastrone con la espectacu­lar Cabiria (1913), mien­tras Nino Martoglio inició con Sperduti nel buio(1914), el cine verista Emilio Ghione siguió los pasos de Feui­llade y se extendió el divismo con las famosas Francesca Bertini o Pina Meni­chelli. El género histórico italiano se relacionó con el cine de género histó­rico so­viéti­co, así como el cine verista se em­parentó con el cine docu­mental de Vertov.

            El cine nórdico.
         En el cine nórdico apareció el dramatismo con dramas munda­nos de un singular erotismo, que recogerá el cine soviético más tradicional, con August Blom en Dinamarca y Victor Sjöstrom en Suecia, con exquisito sentido de la naturaleza, en La proscrita (1917) y La carrera fantasma (1920), como Maurice Stiller en El tesoro de Arne (1919), en el que la naturaleza es un tema tan importante como los personajes, lo que influirá en ciertos fragmentos de lirismo bucólico de Eisenstein.

            El cine norteamericano.
           El na­cimiento de una nación (1915), de Griifith.

           Intolerancia (1916), de Griifith.

        Pero es en EE UU donde el cine adquirió su mayor grado de desarrollo industrial en los años 10 gracias a su poderosas productoras. Una figura emergió sobre todos los realizadores, David Wark Griffith, con El na­cimiento de una nación (1915) y Intolerancia (1916), que influ­yeron decisivamente en el lenguaje cinematográ­fico de la vanguardia soviética al usar de un modo plenamente creativo el montaje para­le­lo, el primer plano emocional, el flash-back...

            El expresionismo alemán.
           El gabinete del doctor Caliga­ri (1919), de Wiener.
        Alemania aportó al final de la I Guerra Mundial el movi­miento del expresionismo, seguido poco después por el Kammers­pielfilms, con grandes realizadores como Fritz Lang, F. W. Mur­nau y Robert Wiener, director de la obra maestra del expresio­nismo, El gabinete del doctor Caliga­ri (1919). En los años si­guientes la vanguardia la representaron Walter Rutmann y el rea­lista G.W. Pabst, situado dentro de la corriente marxista.
            El expresionismo fue rechazado por los cineastas soviéti­cos, que criticaban su excesivo formalismo experimental, su búsqueda unívoca del impacto psicológico mediante la deforma­ción de decorados y la tenebrosa luz y, sobre todo, la inter­pretación tan extremada que chocaba frontalmente con la estéti­ca soviética. Pero el expresio­nismo in­fluyó en Eisenstein, como se observa sobre todo en Iván el Terrible, cuyos interiores están inequívoca­men­te asociados con los de los maes­tros expresionistas, así como el uso de acciones en sombras chinescas en la pared.

             El cine soviético.
            El cine soviético apareció en este contexto dominado por el cine expresionista y la obra de Griffith. Los directores que descollaron fueron Sergei M. Eisenstein, un teórico eminente y creador de la obra maestra El acorazado Potem­kin (1925), Vsevold Pudovkincon La ma­dre (1926), Alexander Dovzenko con La tierra(1930) y el docu­mentalista Dziga Vertov.

            El cine francés: impresionismo y surrealismo.
            Napoleón (1925), de Abel Gance.

         Coetáneo al cine soviético en Francia aparecieron el impre­sionismoy la avant-garde, con Jean Epstein, Marcel L’Herbier, Louis De­lluc y Germaine Dullac, hasta llegar a la cumbre del movimien­to, con Abel Gancey su revolucionario Napo­león (1925). Este filme fue muy admirado por Eisenstein, que adoptó muchas de sus innovaciones y su monumentalismo. Mien­tras, el espa­ñol Luis Buñuel presentó las primeras obras del surrealismo, con Un chien an­dalou (1928) y L’âge d’or (1930), pero la influencia de este movimiento fue prácticamente nula en la URSS.

             La pasión de Juana de Arco (1928), de Dreyer.

            Un danés, Carl T. Dreyer realizó en este contexto francés una obra maestra del lenguaje, La pasión de Juana de Arco(1928), recogiendo la influencia del cine nórdico. Dreyer, con su cine intelectual y apasionado, está directamente relacionado con el mejor Eisenstein, el de los últimos filmes.

            El cine norteamericano de los años 20.
            En EE UU también se sucedieron filmes y avances de primer or­den, con grandes autores centrados en Hollywood, la meca del cine de la época por su enorme poder financiero y comercial, que atrajo entre otros a algunos de los mejores autores, sobre todo alemanes (Sttroheim, Murnau, Lang, Lubitsch o Sternberg).
          La quimera del oro (1925), de Chaplin.

           Destacaron la pareja de actores y productores Mary Pickford y Douglas Fairbanks, las histo­rias román­ticas de Ro­dolfo Valentino, los cortometrajes cómicos de Mark Sennett y sobre todo la obra extraordinaria de Charles Chaplin, con nume­rosos cortometrajes cómicos y obras mayores como la mordaz La quimera del oro (1925). Chaplin influyó mucho en varios cineas­tas soviéticos, pues era muy conocido en la URSS.
             Amanecer (1927), de Murnau.

          En esta época, ya en un segundo plano, descollaron Erich von Stroheim, con La mar­cha nup­cial (1927), F. W. Murnau, con Amanecer(1927), y otros tan excelentes y a menudo espectacu­lares como Buster Keaton, Josef von Sternberg, King Vi­dor que con El gran desfile obtendría un primer y sensacio­nal triunfo, Robert Flaherty con sus documentales exóticos, John Ford, Cecil B. de Mille, Ho­ward Hawks, Ernest Lu­bitsch o Frank Borzage, al­gunos de los cuales comienzan en los años 20 un obra muy pro­lífica, abier­ta a to­das las corrien­tes mundia­les gracias a la numerosa inmi­gración de los mejores cineastas.

El cine sonoro.
           El cantante de jazz (1927), de Alan Crossland. 

          El cine sonoro se abrió paso en EE UU en 1927 con El cantante de jazz, de Alan Crossland. La muerte rápida del cine mudo y que menudearan al principio las operetas intras­cen­dentes como El desfile del amor (1930), de Lubitsch, hicieron temer en una pérdida de vigor artístico del cine, hasta que comenzaron a aparecer obras de calidad como Aleluya(1929), de King Vidor.
            En Francia surge el movimiento del realismo poético, de gran éxito crítico en los años 30, con directores como René Clair con Bajo los techos de París (1930) y Viva la libertad (1931), Marcel Carné con Quai des brumes (1938), Jacques Feyder con La kermesse heroica (1935), Jean Grémillon, Julien Duvivier con Pépé-Le-Moko (1937), y, sobre todos, los grandes Jean Vigo (muerto con sólo 29 años) con Zéro de con­duite (1932-33) y L’Atalante(1934), y Jean Re­noir con La gran ilu­sión (1937) y La règle du jeu(1939). El impacto de este grupo en el cine soviético llegó realmente en los años 50, con la recuperación de los argumentos “poéticos”.
            En Inglaterra im­peraba el director y productor Alexander Korda, con filmes de gran éxito popular. Hitchcock y Asquith aparecían como los valores más sólidos y en la vanguardia esta­ba la famosa “Escuela documentalista”, heredera del realismo del Grupo de Brighton, con John Grierson y desde 1932 el nor­teamericano Robert Flaherty, que deslumbró con Hombres de Aran (1934) y otros documentales, cuyo impacto en el cine soviético es evidente, aunque cabe hablar de una doble dirección pues Flaherty fue un concienzudo estudioso del cine soviético.
             La dili­gencia (1938), de John Ford.

          En EE UU creció el género cómico, con los hermanos Marx, la pareja Laurel y Hardy, y W.C. Fields. Nacieron géneros de gran futuro: el terro­rífico con los directores Browning y Whale; el policíaco con directores y actores de gran aliento como Howard Hawks, Rouben Mamoulian, Humphrey Bogart, E. G. Robinson o James Cagney. Sorprendió el King-Kong de Schoedsack, encan­diló la comedia optimista de Frank Ca­pra, el género del Oeste maduró con John Ford en La dili­gencia (1938), junto a la produc­ción de filmes humanita­rios y de denun­cia so­cial, los musicales de Busby Ber­keley con Fred Astaire y Ginger Rogers, los dramas de William Wyler con Bette Davis, y la apa­ri­ción de una pléyade de grandes es­trellas como Gre­ta Garbo y Mar­lene Die­trich, Clark Gable y Gary Cooper... Con­ti­nuaba la inmi­gración de los mejores ci­neastas extranje­ros: Hitchcock desde Inglaterra, Fritz Lang desde Ale­mania (una can­tera inagotable de talentos obligados al exilio por el nazismo), Ei­sens­tein desde la URSS (una fra­ca­sada y corta aventura como anti­cipaba mucha gen­te), y otros muchos, una corriente que la cri­sis de los años 30 y la II Gue­rra Mundial convertirá en un río inmenso.
            En la URSSel retornado Eisenstein se adaptaba al cine sonoro con Alexander Nevski(1938) y se revelaban nuevos auto­res, como Mark Donskoi, con su trilogía sobre Gorki (1938-40). La II Guerra Mundial supuso un corte brutal. Ei­senstein murió en 1948 sin poder acabar su gran trilogía de Iván el Terrible iniciada en 1943, de la que la segunda parte sólo se permitió su exhibición en 1958, cuando Stalin llevaba muerto cinco años. Al mismo tiempo los restantes cineastas soviéticos de vanguardia iban envejeciendo, muriendo y autocensurándose en el periodo inicial de la Guerra Fría. La vanguardia había fenecido bajo la repre­sión esta­li­nis­ta.
            Olimpia­da (1936), de Leni Riefensthal.

            En Alemania, otro país sometido por el totalitarismo, el cine hitle­riano aporta­ba obras de un forma­lismo colosa­l, como la Olimpia­da(1936) de Leni Riefensthal, una cineasta que estudió el cine soviético, adaptándolo al otro extremo totalitario, como haría también el cine italiano fascista.
            Al mismo tiempo en los años 30, en Italia se propugnaba el cine his­tórico espec­ta­cular, igualmente propagandístico, con un “cali­grafismo” de frío for­malismo deca­dentista e inactual. Pero éste de­sembo­caría tras 1945 en su contra­rio ideológico, el neo­rrealismo, pleno de sobriedad, fuer­za y ac­tua­lidad, que tanto debe al cine soviético de los tres grandes maestros y que a su vez gozó de una gran influencia sobre el cine soviético de los años 50, pero esta es ya otra historia...
            

jueves, 10 de octubre de 2013

Pan y tulipanes (1999), de Silvio Soldini.

Pan y tulipanes (1999), de Silvio Soldini.


Pan y tulipanes (1999). Pane e tulipani. Italia y Suiza. Género: comedia. Duración: 116 minutos. Dirección: Silvio Soldini. Intérpretes: Licia Maglietta, Bruno Ganz, Giuseppe Battiston; Marina Massironi, Felice Andreasi, Tiziano Cucchiarelli, Antonio Catania, Tatiana Lepore, Daniela Pipemo, Vitalba Andrea. Guión: Doriana LeondeffSilvio Soldini. Música: Giovanni Venosta. Fotografía: Luca Bigazzi. Montaje: Carlota Cristiani.
Trama.
Rosalba Barletta (Maglietta), una ama de casa madura y con dos hijos, queda abandonada por error durante una excursión a Paestum, y en vez de volver inmediatamente con su familia es arrastrada al azar a Venecia, donde se instala un tiempo pensando solo en unos breves días de vacaciones, pero inadvertidamente va recuperando el control de su vida y disfruta la sensación de la libertad, al tiempo que conoce a un variopinto grupo de personas, especialmente a la masajista Grazia (Massironi), al maduro y amable camarero Fernando (Ganz), y al anciano florista Fermo (Andreasi), con sus dramas personales y su ansia de felicidad a cuestas. El marido (Catania), mientras tanto, envía en su búsqueda a Costantino (Battiston), un orondo fontanero aficionado a las novelas policíacas, con lo que el enredo se convierte en un vodevil.

Fernando (Ganz) añora a Rosalba.

Opinión.
La película ganó el Premio Donatello de 2000, gracias a sus notables valores: la sencillez formal sin desfallecimientos y con un inteligente manejo de la elipsis, la cálida y profunda mirada sobre sus personajes excelentemente interpretados (el suizo Ganz es probablemente el mejor actor en lengua alemana), o la belleza escondida de los callejones de Venecia, de la que apenas hay vistas monumentales porque el director se fija en los espacios de la vida cotidiana. El encanto de la historia, a tramos casi surrealista, y además aderezada con sueños de la protagonista, va filtrando y aposentando nuestra sensación de creciente simpatía hacia la aventura de ella y nuestro deseo de que logre una nueva vida y los demás personajes alcancen sus sentidas esperanzas.

Fuentes.